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Amor en la Empresa, ¿El próximo paso?

01 Junio 2018

Porque solo apreciamos lo que conocemos, algunos teóricos llegan algunos años hablando de la evolución de lo que se conoce hoy como "Relaciones Humanas en la Empresa".

La expresión “Relaciones Humanas en la Empresa” se está quedando corta. Para muchos ya tiene algo del contenido manipulativo de “cómo ganar amigos e influir en los otros”. Entonces la verdad debiéramos hablar del ser humano en la empresa.

Para un buen trabajo en equipo se requiere que exista confianza entre sus componentes, la cual se construye, entre otras cosas, con buena comunicación. Y si lo pensamos muy bien esto no es un asunto de claridad en los mensajes, sino más bien, de buena disposición en el corazón. Depende más de la actitud con la que recibimos al compañero de trabajo, que de la manera como se maneja el lenguaje. Y dentro de este abanico de posibilidades hay un espectro de actitudes que van escalando en calidad. Hablamos entonces de TASAA:

Tolerancia – Aceptación – Simpatía – Amistad – Amor

Se puede tolerar al otro. Esto es que, aun a regañadientes, accedemos a que el otro tiene derecho a comportarse en el trabajo como lo hace siempre. Trabajaremos con esa persona, pero ciertamente no nos pidan que nos detengamos a socializar con ella.

Luego viene la aceptación, la cual apenas es un recibimiento neutral al otro. No solo lo toleramos. Vamos un paso más allá y lo recibimos diciéndonos que, al igual que cada uno, esta persona también tiene sus propios modos, no todos nos pueden gustar, pero se los aceptamos.

Un escalón más arriba está la simpatía. La persona en este estado nos deja una ganancia con sus singularidades, con la forma como se relaciona con nosotros. Si no nos llegamos a ver, por supuesto no sentimos un vacío como ocurre con el amor de pareja, pero, si nos vemos, disfrutamos en momento.

Un nivel superior es el de la amistad. Entonces intercambiamos manifestaciones de afecto y sentimos la ausencia del colaborador. Hay una potente generación de confianza que hace que las cosas tengan más posibilidades de funcionar que de fracasar.

¿Estarán preparadas ya las empresas para hablar de amor? Y nos referimos en lo específico a que la convivencia se base en querer el bien del otro. Imaginemos un jefe (mejor aún a un buen líder) que ame a sus colaboradores: buscará retos a la medida de ellos, los evaluará con madurez, les dará retroalimentación bien intencionada y buscará cómo propiciar su desarrollo personal. Imaginemos colaboradores que amaran a sus compañeros. Esto se traduce muy rápido en beneficios muy tangibles para la organización, porque cuando existe una buena relación también existe una ventaja competitiva. Cuando yo trabajo con personas con las que estoy a gusto, con las que me puedo comunicar, tiendo a compartir más información y por lo tanto se generan posibilidades de innovar, potenciar la creatividad o cualquier aspecto productivo de la empresa que si solamente nos toleramos.

El amor en cualquier entorno nos hace más confiados en nosotros mismos, más optimistas ante los desafíos, nos hace generar un ambiente mucho mas proclive a la ilusión, que al fin y al cabo es la base para querer hacer cosas y por tanto es parte de la productividad.

Los seres humanos somos emocionales y esa emoción genera estímulos positivos para las empresas y las economías en su conjunto. Finalmente se debe pensar que ¡la economía es confianza colectiva!

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Fuente: “La Economía del Amor” y otros papers de Daniel Arias Aranda, economista español, Catedrático de Organización de Empresas de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Granada.